Terapia génica:más cerca de curar enfermedades raras originadas por único gen

Las enfermedades raras cuyo origen se deba a la ausencia o mutación de un solo gen serán las principales beneficiadas, en los próximos años, de los fármacos de terapia génica que, al administrar la versión correcta del gen deficitario, podrían curar o paliar la patología.

Así lo asegura en una entrevista con EFE la directora del Programa de Terapia Génica del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra, Gloria González Aseguinolaza, con motivo de la celebración, mañana, del Día Mundial de las Enfermedades Raras, dedicado este año a la investigación.

La terapia génica consiste en introducir material genético (obtenido en laboratorio mediante técnicas de biología molecular) en el interior de las células, utilizando como vehículo un vector, con el objetivo de sustituir o reparar el gen dañado.

Se trata de una estrategia terapéutica en proceso de investigación que ya empieza a dar sus primeros pasos en la práctica clínica.

La investigadora considera que el panorama es “muy esperanzador” ya que un alto porcentaje de enfermedades raras de origen genético responden, en muchos casos, al fallo de un solo gen (monogénicas) por lo que, una vez identificado, “es relativamente sencillo cambiarlo”.

Porcentajes de ensayos de terapia génica en la actualidad

González Aseguinolaza cita las inmunodeficiencias severas por fallos genéticos (el caso de los niños burbuja); algunos tipos de hemofilia poco frecuentes o las cegueras debidas a deficiencias genéticas como tres ejemplos de patologías raras que podrían contar con la terapia génica como tratamiento estándar.

“En todas las enfermedades -indica- es importante ir al origen. Por eso, en una enfermedad rara de origen genético, la introducción del gen correcto es el único tratamiento curativo”.

Las estrategias de terapia génica exploradas hasta ahora son dos: la complementación génica, que introduce el gen que falta o sustituye el gen defectuoso por otro correcto; y la edición o corrección genética, que corrige la mutación del gen.

La complementación génica es la opción terapéutica más avanzada y ya existe un fármaco comercializado (Glybera, de la compañía holandesa Uniquere) para una enfermedad ultrarrara, la deficiencia en lipoproteína lipasa, que en los casos más graves provoca numerosos episodios de pancreatitis con riesgo de muerte.

Este medicamento, el primero comercializado en el mundo de terapia génica para una enfermedad rara, “no corrige completamente la enfermedad pero la reduce de forma significativa y mejora la calidad de vida del paciente”, apunta la científica quien señala que es necesario “optimizar el vector que se utiliza como transportador del material genético”.

Por otra parte, la estrategia basada en la edición o corrección del gen todavía está en fase preclínica, ensayado con animales, pero todavía no se ha probado en humanos con enfermedades raras.

Para la investigadora, el escenario más positivo para la terapia génica, hoy por hoy, es en aquella enfermedad que afecta a un solo órgano y su origen está en un solo gen. Casos donde “vamos a ver los grandes avances”, apostilla.

Además, otra de las ventajas de las enfermedades monogénicas radica en que un mismo vector podrá servir para varias patologías y tan solo se cambiaría el gen que debe llegar a la célula.

Pero también existen escollos, como la producción de los vectores virales, los vehículos utilizados para transportar el material genético a las células.

Los más utilizados en enfermedades raras son los retrovirus-lentivirus y los virus adenoasociados, que han mostrado mejor perfil de seguridad, además de los adenovirus.

“El problema -señala- es que un ratón pesa veinte gramos y un niño varios kilos, por lo que se multiplica la cantidad del vector. Y no hay muchas compañías que tengan la capacidad de producir esos vectores a gran escala y apropiados para su uso en ensayos clínicos. Hay tanta demanda de vectores en grado clínico que hoy tienes que reservar hueco para dentro de dos años”.

Precisamente los vectores que se utilizaron en los inicios de la investigación de la terapia génica, en los años 90, provocaron efectos secundarios pocos esperanzadores para la investigación.

Los retrovirus causaron cáncer en un número muy pequeño de niños con inmunodeficiencias severas, mientras que los adenovirus y adenoasociados indujeron una respuesta inmune que eliminó el efecto terapéutico del vector.

“A pesar de los inicios tan duros, hemos ido aprendiendo a mejorar y optimizar el vector. Con las nuevas versiones de los lentivirus no se ha detectado cáncer en los pacientes tratados, aunque es cierto que estamos todavía en etapas tempranas”, manifiesta la doctora.

En el caso de los virus adenoasociados, “sabemos cómo controlar una respuesta inmune mediante corticoides, si bien es cierto que en los últimos ensayos clínicos realizados ni siquiera se ha producido respuesta inmune”.

El grupo de investigación que dirige Gloria González Aseguinolaza en la Universidad de Navarra trabaja en terapia génica para enfermedades raras que afectan al hígado y al cerebro.

En el caso de la enfermedad de Wilson, causada por el fallo de un gen que hace que el cobre se acumule en el hígado, ya han logrado revertir la patología en ratones al reparar el daño genético. El siguiente paso es comenzar el ensayo clínico con pacientes.

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