La musa de Picasso.

picassoConocé la verdadera historia sobre uno de los cuadros mas famosos de Pablo Picasso

Era la primavera de 1954, y en el pueblo de Vallauris, en la Riviera francesa, una chica tímida y bonita de 19 años llamada Sylvette David estaba sentada a la luz  del sol compartiendo un cigarrillo con sus amigas. De pronto, como por arte de magia, apareció un retrato por encima del muro del patio contiguo. Muy lentamente, ante ellas se reveló un rostro inconfundiblemente parecido al de Sylvette, con su distintiva cola de caballo y sus ondas doradas. Era, sin lugar a dudas, una obra del dueño del patio de al lado, el habitante más famoso de Vallauris: Pablo Picasso.

Se abrió una puerta en el muro, las amigas corrieron al patio y encontraron al artista más famoso del mundo doblado de risa. Mientras las llevaba adentro para que conocieran su estudio, sorprendió a Sylvette al pedirle que posara para él.

El resultado fue Muchacha con cola de caballo, una de las pinturas más representativas de Picasso. Siguieron rápidamente más de 40 retratos de su nueva musa, pues el artista trabajó con ella sin descanso a lo largo del verano. Hoy día Sylvette es una exitosa pintora que se hace llamar Lydia Corbett y reside en Devon, Inglaterra. “Picasso tenía entonces 73 años, la edad que yo tengo ahora”, cuenta. “Era una figura internacional, pero en Vallauris lo considerábamos muy nuestro. Formaba parte importante de la vida del pueblo, y le encantaba organizar eventos como corridas de toros simuladas en la plaza principal. Tenía una fuerza vital enorme, y un sentido de la diversión incontenible, como el de un niño. Todos lo queríamos”.

Sylvette conoció a Picasso poco antes de que le pidiera que posara para él, cuando fue a su casa a entregarle dos sillas que el artista le había comprado a su novio, Toby Jellinek.

“Toby y yo íbamos juntos a la escuela en Summerhill, Suffolk”, refiere. “Él estudiaba diseño de muebles con el joven Terence Conran antes de que nos mudáramos a Vallauris para vivir con mi madre. No teníamos dinero, así que Toby empezó a exhibir su trabajo en el pueblo. Fue muy emocionante cuando Picasso le compró un par de sillas hechas a mano con cuerdas, metal y madera”.

En el pueblo se rumoreaba que el septuagenario artista le había echado el ojo a la joven Sylvette, quien se parecía a Brigitte Bardot. “Un día me dijo que le encantaba mi cola de caballo y mis mechones de pelo colgando a los costados de mi largo cuello”.

Lydia, hija de padre francés y madre inglesa, nació en París y tuvo una infancia difícil. “Mis padres se casaron cuando estudiaban en la escuela de artes, y se divorciaron cuando yo era muy chica. Mamá y yo nos mudamos a la localidad naturista de la isla de Levante, y rara vez volví a ver a mi padre. Regresamos al continente durante la ocupación alemana para que yo pudiera ir a la escuela, pero vivíamos con miedo a los nazis.

”Picasso se volvió como un padrino para mí. Yo me sentía muy fea y nada sensual, pero me contagiaba su seguridad y entusiasmo. Era bajo de estatura, incluso más que yo, pero muy fuerte y estaba en forma; tenía un delicioso olor a fresco y su piel era morena y suave. ¡Y qué ojos tenía! Negros y siempre sonrientes”.

Esos ojos, ese vigor y esas feromonas atrajeron a muchas mujeres a la cama de Picasso. Pero en esa primavera de 1954 el artista aún se estaba recuperando del amargo rompimien-to con Françoise Gilot, su pareja por muchos años. Y todavía le faltaba relacionarse con Jacqueline Roque, una ceramista de Vallauris con quien se casaría más adelante.

Las modelos de Picasso por lo ge-neral se convertían en sus amantes. ¿Alguna vez intentó seducir a su bella y joven musa? “No estoy completamente segura de que haya querido hacer el amor conmigo”, dice Lydia. “Hubo momentos en los que pensé que sí, como una vez en que me invitó a subir con él al asiento trasero de su adorado auto Hispano Suiza, que tenía en la cochera. Me senté a su lado, lista para salir corriendo si era necesario, pero sólo charlamos.

”En otra ocasión se puso a saltar en la cama como un chico y me pidió que me uniera a él, pero me quedé junto a la puerta, riéndome. Siempre fue dulce y amable conmigo, y me sentía muy segura a su lado. Posé en su estudio rodeada de cabezas de cabra, pedazos de plástico y metal, juguetes viejos e instrumentos musicales.

”Me sentaba en una mecedora a fumar los cigarrillos que él me compraba, y yo me dormía allí mientras
él trabajaba. Todo era muy sencillo y relajado. Picasso fumaba un cigarrillo tras otro y formaba pirámides y figuras con las colillas ¡para que yo viera cuántos había fumado!

”Siempre estaba bromeando. Dibujaba una araña en el piso, se iba, regresaba y fingía asustarse con ella. O me quitaba el hipo saltando hacia mí con un cuchillo en la mano para asustarme, a pesar de que todo el tiempo trataba de ayudarme a vencer mi nerviosismo”, dice riendo.

Un aspecto curioso de la serie de retratos de Sylvette que pintó Picasso es que en algunos de ellos la modelo aparece sin boca. “Solía pintarme así porque mi timidez me impedía hablar”, cuenta Lydia. “Creo que en esos cuadros también se nota la influencia de un libro francés para niños que fue muy popular en esa época. Se llamaba Bécassine, y trataba sobre una nenita que no tenía boca pero era muy inteligente y vivía grandes aventuras. Él me decía que quería darme una voz”.

El verano pasó volando, y mientras Picasso recreaba en el lienzo la ima-gen de esa chica especial con cola de caballo, el peinado de la adolescente tímida se puso de moda en todo el mundo. “¿Alguna vez ha recibido tanta atención el cabello largo como en la actual exposición de Picasso?”, se preguntaba la periodista Mary Dunbar, del Sunday Times, en octubre de 1954. “Son unos 20 retratos de una joven
de 19 años que reside en Vallauris. En todos ellos sobresale su largo pelo rubio recogido en una cola de caballo, y ya he visto a muchas chicas… con ese peinado, idéntico al de la Sylvette de Picasso”.
Paris Match también publicó una nota extensa sobre la nueva modelo del pintor malagueño.

Incluso Brigitte Bardot, quien era ya una gran estrella, adoptó el estilo “Sylvette”. Lydia refiere: “La Bardot tenía el pelo castaño, pero me dijeron que se volvió rubia porque a su esposo, Roger Vadim, le gustaban mis fotos. Ella cuenta en su autobiografía que pidió posar para Picasso, pero él se negó porque ya me había pintado a mí. La actriz escribió que ella y yo éramos ‘como dos gotas de agua’, pero aunque es cierto que nos parecíamos mucho y teníamos la misma edad, éramos muy diferentes. Una vez la vi con Vadim en el bulevar de La Croisette, en Cannes. Rebosaba sensualidad y seguridad en sí misma. Era toda una mujer, mientras que yo era una chica tímida, asustadiza y ansiosa por agradar a los demás.

”En una oportunidad el director Jacques Tati me paró en la calle y me pidió que apareciera en su próxima película. Pero, a diferencia de Brigitte Bardot, yo no deseaba trabajar en el cine. Quería pintar, tener una familia y llevar una vida tranquila”.

Al comenzar el invierno la relación de Picasso con Jacqueline Roque se hizo más formal, y las sesiones de trabajo en el estudio con Sylvette llegaron a su fin cuando la pareja se mudó a Mougins, quizá para escapar del recuerdo de Françoise Gilot.

Lydia sólo vio a Picasso una vez más, después de casarse con Toby. “Fuimos a visitarlos a él y a su esposa cuando nuestra hija era chica. Yo quería que ella lo conociera, y él se portó muy bien, como siempre. Pero ya estaba muy viejo, y al poco tiempo murió”.

Sylvette, la musa de la cola de caballo, se cambió de nombre por el de Lydia en los años 60, tras una revelación religiosa que tuvo después de que Toby la abandonó. Se volvió a casar —Corbett es su apellido de casada— y tuvo otros dos hijos antes de divorciarse por segunda vez. Actualmente lleva una vida tranquila con su pareja, David, y alterna su tiempo entre sus casas de Devon y Provenza. Retomó la pintura cuando sus hijos entraron a la escuela, y hoy es una artista exitosa que exhibe sus obras en importantes galerías de arte de Europa, Asia y América.

“Nunca me había sentido más feliz”, dice con una enorme sonrisa en su estudio de Devon. “Picasso me inspiró el amor por el arte, pero el mayor regalo que me dio fue una llave para abrir puertas en todo el mundo. Es un regalo que conservaré siempre”.

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